POR:
ALEJANDRO GARCÌA CERNA
ALEJANDRO GARCÌA CERNA
Muchas son las cosas en mi experiencia docente que desde luego comparto con ustedes con mucho gusto.
La primera de ellas fue cuando me paré frente a un grupo de casi setenta alumnos, que enfrentè con aplomo y pude salir adelante apesar de mi nerviosismo y el pavor escénico de principiante. Después, cuando mi docencia se convirtió en mi rol principal, asumí de igual manera una actitud de maestro inflexible e invariable en la exposición de las sesiones, incluso mis clases se volvieron monótonas; recuerdo que parecía “grabadora”, repetía lo mismo en cada grupo; a veces daba resultado y salía del salón sintiéndome como dios, pero al llegar a otra aula para impartir el mismo tema mi vanidad se convertía en frustración.
Tuvieron que pasarme estas experiencias para optar en abandonar las notas y ocupar únicamente mi conocimiento, el pizarrón y el gis. Esto fue muy benéfico para mí porque me permitió comprender la libertad y flexibilidad que debemos tener en el aula. Y sí, convertí mis clases en una enseñanza medieval, es decir, en una educación tradicionalista y rígida. Compartí y sigo compartiendo la máxima medieval: Magister Dixe (el Maestro lo Dice) y esta otra: “la letra con sangre entra”. Con toda humildad y honestidad les comento que en las evaluaciones que presentan mis alumnos, obtienen buenos resultados. Tal vez puedan pensar que este método es obsoleto y orilla a mis alumnos a ser memorísticos y los limita para adquirir otras habilidades. Pero fue esta nueva experiencia lo que me llevó a ampliar y corregir errores, ya que percibía en mis alumnos cierto tedio y aburrimiento.
Ahora sigo el mismo método, pero doy mayor apertura a la participación de los alumnos a través de la aplicación de ejercicios individuales en cada clase, me cuesta y trabajo doble, pero actualmente mis clases son más dinámicas y obtengo los mismos resultados y satisfacción de los alumnos. Revisamos conjuntamente las actividades realizadas, discutimos textos, proyecto películas afines con los temas y las debatimos, bromeamos; en otras palabras, mis clases se transformaron. Bien es verdad lo que se planteó en la lectura: “se aprende a ser profesor por ensayo y por error”.
Por otra parte, me he enfrentado a situaciones adversas por el nivel de los muchachos, pero esto lo tomo como un desafío: la apatía, el desinterés, la falta de valores y de cultura son los motivos principales que me convencen de seguir adelante en esta labor, sigue firme mi convicción de ser maestro, por ello asumo completamente esta responsabilidad y me dedico a buscar nuevas estrategias y técnicas que me permitan enriquecer mi “labor y renovación pedagógicas”.
Como docente, busco herramientas y técnicas didácticas que pueda implementar de manera práctica con mis alumnos, sin desvirtuar, desde luego, mi método; porque créanme que me cuesta mucho trabajo encontrarlas por el área y formación académica en que me desenvuelvo (ciencias sociales). Por eso, espero que cuente con ustedes para intercambiar experiencias y actividades que me ayuden a mejorar mi quehacer docente.
Tuvieron que pasarme estas experiencias para optar en abandonar las notas y ocupar únicamente mi conocimiento, el pizarrón y el gis. Esto fue muy benéfico para mí porque me permitió comprender la libertad y flexibilidad que debemos tener en el aula. Y sí, convertí mis clases en una enseñanza medieval, es decir, en una educación tradicionalista y rígida. Compartí y sigo compartiendo la máxima medieval: Magister Dixe (el Maestro lo Dice) y esta otra: “la letra con sangre entra”. Con toda humildad y honestidad les comento que en las evaluaciones que presentan mis alumnos, obtienen buenos resultados. Tal vez puedan pensar que este método es obsoleto y orilla a mis alumnos a ser memorísticos y los limita para adquirir otras habilidades. Pero fue esta nueva experiencia lo que me llevó a ampliar y corregir errores, ya que percibía en mis alumnos cierto tedio y aburrimiento.
Ahora sigo el mismo método, pero doy mayor apertura a la participación de los alumnos a través de la aplicación de ejercicios individuales en cada clase, me cuesta y trabajo doble, pero actualmente mis clases son más dinámicas y obtengo los mismos resultados y satisfacción de los alumnos. Revisamos conjuntamente las actividades realizadas, discutimos textos, proyecto películas afines con los temas y las debatimos, bromeamos; en otras palabras, mis clases se transformaron. Bien es verdad lo que se planteó en la lectura: “se aprende a ser profesor por ensayo y por error”.
Por otra parte, me he enfrentado a situaciones adversas por el nivel de los muchachos, pero esto lo tomo como un desafío: la apatía, el desinterés, la falta de valores y de cultura son los motivos principales que me convencen de seguir adelante en esta labor, sigue firme mi convicción de ser maestro, por ello asumo completamente esta responsabilidad y me dedico a buscar nuevas estrategias y técnicas que me permitan enriquecer mi “labor y renovación pedagógicas”.
Como docente, busco herramientas y técnicas didácticas que pueda implementar de manera práctica con mis alumnos, sin desvirtuar, desde luego, mi método; porque créanme que me cuesta mucho trabajo encontrarlas por el área y formación académica en que me desenvuelvo (ciencias sociales). Por eso, espero que cuente con ustedes para intercambiar experiencias y actividades que me ayuden a mejorar mi quehacer docente.
Creo que como usted menciona cada método tiene algo bueno y no debe descartarse por completo, sino buscarlo mejor de cada uno y crear otro más apropiado, la memorización en ocasiones depende de la materia, hay materias en que la memorización es más necesaria, en otras se requiere más del razonamiento.
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